57 años después – Podemos respirar – Parte 1

El año pasado en este blog expliqué las reglas y la cultura del fútbol australiano. Es un tipo de fútbol que solo se juega en esta pequeña parte del mundo. Además solo en unos estados del país;otros estados prefieren el rugby. Por eso internacionalmente, el fin de la temporada 2021 de la liga fútbol australiano (AFL) no fue muy importante. Pero para mí, el partido final de la temporada fue uno de los más importantes y estresantes en mi vida.

Por primera vez en 21 años mi equipo Melbourne jugó en una final. Melbourne  “los demonios” ha sido el club más desafortunado en las décadas recientes de la liga. Más que años de fracaso en la cancha, el club ha vivido bajo una nube de tragedia sin precedente. La lista triste es larga: la muerte temprana del presidente que él salvó el club de la quiebra cuando estaba luchando contra el cáncer; la muerte temprana del jugador más famoso durante los 80s (la primera época de fracaso); la muerte de cáncer de un ex-entrenador; la muerte de un jugador en el tsunami de 2008 en Tailandia y el suicidio de otro jugador joven 5 años despues de terminar de su carrera.  

En la cancha, el equipo ha sido una broma por casi la  mitad de mi vida. Han pasado temporadas incontables con una esperanza que desaparecía en sólo un mes. Vinieron los jugadores jóvenes más buenos del país que en unos años se fueron con el trauma de Melbourne solo para tener mucho éxito en otros equipos. Vinieron y se fueron entrenadores, líderes, directores y jugadores, nadie que pudiera salvar este club que muchos años antes era el más poderoso en la liga. 

Definitivamente, los hinchas incondicionales han sufrido mucho. Han sufrido la risa y piedad de otros aficionados. Para muchos, el rendimiento del equipo afectó sus inviernos. Pero siguieron yendo al estadio cada fin de semana.  Siguieron siendo miembros y apoyando al equipo. Después de esta época de dolor, empezamos la temporada de 2021 como siempre con una sensación de poca esperanza y muy realista. Los hinchas de los demonios saben bien que no deben tener esperanza. Es una lección que aprendemos muchas veces.

¿Entonces, cómo estuvo la mañana del sábado 25 de septiembre?  Melbourne estaba en la final por primera vez en dos décadas, cuando perdió.  No habían sido campeones desde 1964, cuando mi papá,  quien me hizo de los demonios estaba en el colegio. 57 años: todos los aficionados en el país conocían este número. Las horas antes del partido no eran emocionantes. Eran estresantes. Eran lentas. Yo estaba solo en Queensland.  Mi familia estaba en Melbourne y Sydney y el partido estaba en el estadio en el estado libre de Perth. No podíamos entrar a este estado y obvio no podíamos acudir al partido. Pero no importaba, el nivel de tensión era real.

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